EL SENTIDO DE LA VIDA, LA IDENTIDAD
Y EL CORAZÓN DE LA TÍA ANESTA*
George Priestley, PhD
En
el año 1982, en el complejo recreativo Ferry Bank, en Brooklyn,
Nueva York, y en presencia de cientos de afropanameños
residentes en Estados Unidos, el entonces Presidente de la República
de Panamá, doctor Aristides Royo, colocó sobre el
busto de la señora Anesta Samuels la Orden Vazco Núñez
de Balboa. Hasta ese momento, esa condecoración había
sido concedida a un puñado de panameños de ascendencia
Antillana, incluido entre éstos el Dr.George Westerman,
un antiguo amigo de Anesta, aún vivo para entonces.
Probablemente, los archivos de la nación mostrarán
que fue aquella la primera ocasión en la que un miembro
de la Diáspora, en Estados Unidos, recibía esa prestigiosa
distinción.
¿Quién
es Anesta Samuels y cuáles han sido las contribuciones
que ha realizado como para que mereciese dicha condecoración?
Previamente
a mi encuentro con ella, en un evento anual de recolección
de fondos organizado por la Asociación The Dedicators Inc
en 1964, mi madre me había relatado un sinnúmero
de cosas, bellas todas, sobre la tía Anesta y Sam, su esposo.
Desde los inicios de la década de 1930 mi madre y Anesta
fueron vecinas en el poblado de Red Tank, una de las varias comunidades
segregadas en la antigua Zona del Canal de Panamá, bajo
control de Estados Unidos. Anesta era, por supuesto, menor que
mi madre. De hecho, era contemporánea de mi hermana, Myra
Lawes, y ambas recibieron clases de la querida Mama Lawes, nombre
con la que fue conocida mi madre aún décadas después
que se unió en matrimonio con Clarence Priestley, mi padre.
Anesta se tornaría muy importante en las vidas de Mama
Lawes y su hija Myra, tal como lo evidenciaría el hecho
de que cuando ésta última dio a luz a su primogénita
Elissa, aquella se convirtió en la madrina de la recién
nacida.
Por
supuesto, todo aquello acaeció antes de mi época.
La capacidad de "Tía" Anesta de crear vínculos
sólidos, generar empatía y compartir con otros,
de ningún modo estaba circunscrita a la relación
con mi familia puesto que estas características humanas,
centrales en ella, la condujeron a fundar y a consolidar la Asociación
The Dedicators Inc., en 1951. Para cuando Anesta Samuels recibió
la condecoración en 1982 The Dedicators había otorgado
300,000 dólares en becas de estudios a jóvenes brillantes,
pero sumamente necesitados de recursos, que aspiraban a ingresar
a centros de estudios superiores, y quienes fueron seleccionados
esencialmente de la comunidad afropanameña de ascendencia
Antillana en Estados Unidos.
Aunque
ya se ha hecho costumbre señalar que detrás de cada
buen hombre encontramos a una buena mujer, debo decir que Anesta
Samuels nunca estuvo detrás, más, siempre se la
encontró al lado de Sam. En el año 1997, durante
una entrevista que conduje con estos dos extraordinarios afropanameños,
ambos señalaron que habían nacido en la ciudad de
Panamá, pero fueron criados y crecieron en la comunidad
de Red Tank porque ...había una cierta preferencia por
vivir en la Zona del Canal, si ello era posible. Y que mientras
allí se estaba, me refirieron, como muchos otros niños
negros, su educación finalizaba con el octavo grado, tal
y cual lo dictaban las políticas segregacionistas de Estados
Unidos. A pesar de esta limitación, Anesta y Sam subrayaron
que: los maestros en la Zona del Canal se aseguraban de que uno
aprendiera a leer y escribir. Por ejemplo, teacher Cragwell, padre
de Alfredo Cragwell (el primer Afroantillano en ocupar una curul
en la Asamblea Nacional en el año 1952) fue uno de esos
maestros que,
pese a todo, garantizaron que los alumnos negros fuesen sobresalientes.
Es más, casi todos los Cragwells fueron maestros. Estos
hombres eran intelectuales; sabían al menos algo sobre
todos los temas. Y porque la educación era una cuestión
tan importante para la comunidad Antillana en Panamá, tal
y cual me señalaron mis interlocutores: muchos asistieron
a clases nocturnas para aprender cosas adicionales como mecanografía,
taquigrafía o matemáticas avanzadas. También
hubo cursos que tomamos por correspondencia. Por ejemplo, Clarence
Layne salió del octavo grado y con algunos conocimientos
por correspondencia se alistó en las Fuerzas Armadas de
Estados Unidos; tomó algunos exámenes y fue admitido
en la escuela de medicina.
Anesta y Sam siguieron los pasos de Clarence, y como muchos otros
Antillanos y panameños de ascendencia Antillana emigraron
hacia Estados Unidos en búsqueda de educación superior
y empleos mejor remunerados. Sam me recordó que... la guerra
había finalizado y ellos [el gobierno de la Zona del Canal]
se estaban deshaciendo de los empleados con más altos salarios,
así que Anesta y yo nos sentamos, discutimos el tema y
concluimos que los ingresos que yo obtenía de mi último
empleo (Subgerente de la tienda de abastos del Fuerte Clayton)
no iba a poder conseguirlos en adelante en Panamá.
Obviamente,
con el fin de la guerra, el salón de belleza de Anesta
en La Boca (la comunidad segregada más grande en la antigua
Zona del Canal), situada en la margen del Pacífico de la
vía de aguas, también sufriría los embates
de esa nueva situación. Así que iniciamos los arreglos
para emigrar hacia Estados Unidos, me indicó Sam, quien
nunca ingresó a la escuela de odontología, tal como
aspiraba. En su lugar, se graduó en Brooklyn College, obtuvo
dos maestrías y fungió con Director del colegio
P.S. 389, ubicado en la esquina de las avenidas Kingston y St.
Marks, en Brooklyn.
Anesta obtuvo un empleo en una sala de belleza en Brooklyn, pero
su pasión era, en sus propias palabras, ...ofrecerle a
los jóvenes en nuestra comunidad la oportunidad de adquirir
la mejor educación que pudiésemos brindarles...
así que decidimos arrendar un local en donde hubiese espacio
para acomodarlos. Vino mi hijo; asistieron mis sobrinas; Velma
y Grace también arribaron en el entendido de que podía
ser cualquier persona, fuesen estos parientes o amigos; bastaba
que tuviesen el interés en estudiar: nosotras prestaríamos
la colaboración. Ese fue uno de los motivos que me animaron
a venir a Estados Unidos.
Tía
Anesta, tal y cual la llaman cariñosamente aquellos que
la han tratado de cerca, no se detuvo allí. Ella decidió
institucionalizar sus esfuerzos a través de la creación
de la Asociación The Dedicators Inc., una organización
no gubernamental cuyo objetivo principal es ofrecer becas a estudiantes
que planean ingresar a las universidades.
En
respuesta a una pregunta acerca de los orígenes y las circunstancias
en torno a las cuales se fundó The Dedicators, Tía
Anesta me indicó que: todo comenzó en mi pequeña
cocina. Un día sábado escuché a las niñas
riendo y hablando acerca de que, cuando en Panamá tenían
hambre, acostumbraban comprar maní salado porque las hacía
consumir mucha agua. Mientras reían, pensé en tantos
otros niños que tienen hambre. Fue eso lo que trajo a mi
mente la idea de iniciar un club. Empezamos a tejer y coser para
obtener fondos. También realizamos ventas de comida. Tía
Anesta tenía la determinación de avanzar. Me explicó
que: desde el salón de belleza despachábamos comida
a domicilio. Tomábamos los pedidos allí, y luego
desde nuestras casas, donde cocinábamos, Henry las distribuía
en su carro. Así fue que The Dedicators recopiló
sus fondos iniciales. Luego decidimos organizar un baile en el
Salón Sonia, ubicado en la Avenida Bedford, en Brooklyn.
Y los 500 dólares de ganancia que obtuvimos se los dimos
a Bobby Reid, quien cursaba su último año en la
carrera de medicina. Esto estaba al margen de nuestros estatutos,
porque se supone que nuestro compromiso es con jóvenes
de primer ingreso. Pero como Bobby vivía en el 3° piso
del edificio, cuando él vino a casa y nos comunicó
que su padre había fallecido y que no tenía más
recursos para completar sus estudios decidimos allí, en
el acto, que él sería el primer beneficiario de
una beca de The Dedicators. Y como tú sabes, él
culminó sus estudios de medicina y se tituló como
médico, y uno muy bueno además.
Durante
los años transcurridos entre 1958 y 1982, The Dedicators
Inc. había entregado becas por la suma de 300,000 dólares.
Tía Anesta cree que ...esa fue la razón que indujo
al Presidente Arístides Royo a otorgar[me] la condecoración
Vasco Núñez de Balboa. Para mi, quien con ustedes
comparte esta nota, esa fue apenas una de ellas.
Anesta
Samuels es, sin asomo de duda, una de las panameñas más
distinguidas del siglo XX y una de las que nos ha dejado un gran
legado: ama a tú prójimo, aspira a la excelencia,
y sobre todo lidera con el ejemplo.
Tía
Anesta aún se cuenta entre nosotros. ¡Que fortuna
la nuestra!.
*Texto tomado del libro Piel Oscura Panamá:
Ensayos y reflexiones al filo del Centenario, Alberto Barrow y
George Priestley / Editorial Universitaria "Carlos Manuel
Gasteazoro", Comisión del Centenario de la República
de la Alcaldía de Panamá y el Instituto de Estudios
Nacionales (IDEN), Panamá,
mayo 2003.
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