PERSONAJES                                    January - Febrero 2004

 

 

 

 

 


EL SENTIDO DE LA VIDA, LA IDENTIDAD
Y EL CORAZÓN DE LA TÍA ANESTA*

George Priestley, PhD

En el año 1982, en el complejo recreativo Ferry Bank, en Brooklyn, Nueva York, y en presencia de cientos de afropanameños residentes en Estados Unidos, el entonces Presidente de la República de Panamá, doctor Aristides Royo, colocó sobre el busto de la señora Anesta Samuels la Orden Vazco Núñez de Balboa. Hasta ese momento, esa condecoración había sido concedida a un puñado de panameños de ascendencia Antillana, incluido entre éstos el Dr.George Westerman, un antiguo amigo de Anesta, aún vivo para entonces.
Probablemente, los archivos de la nación mostrarán que fue aquella la primera ocasión en la que un miembro de la Diáspora, en Estados Unidos, recibía esa prestigiosa distinción.

¿Quién es Anesta Samuels y cuáles han sido las contribuciones que ha realizado como para que mereciese dicha condecoración?

Previamente a mi encuentro con ella, en un evento anual de recolección de fondos organizado por la Asociación The Dedicators Inc en 1964, mi madre me había relatado un sinnúmero de cosas, bellas todas, sobre la tía Anesta y Sam, su esposo. Desde los inicios de la década de 1930 mi madre y Anesta fueron vecinas en el poblado de Red Tank, una de las varias comunidades segregadas en la antigua Zona del Canal de Panamá, bajo control de Estados Unidos. Anesta era, por supuesto, menor que mi madre. De hecho, era contemporánea de mi hermana, Myra Lawes, y ambas recibieron clases de la querida Mama Lawes, nombre con la que fue conocida mi madre aún décadas después que se unió en matrimonio con Clarence Priestley, mi padre. Anesta se tornaría muy importante en las vidas de Mama Lawes y su hija Myra, tal como lo evidenciaría el hecho de que cuando ésta última dio a luz a su primogénita Elissa, aquella se convirtió en la madrina de la recién nacida.

Por supuesto, todo aquello acaeció antes de mi época. La capacidad de "Tía" Anesta de crear vínculos sólidos, generar empatía y compartir con otros, de ningún modo estaba circunscrita a la relación con mi familia puesto que estas características humanas, centrales en ella, la condujeron a fundar y a consolidar la Asociación The Dedicators Inc., en 1951. Para cuando Anesta Samuels recibió la condecoración en 1982 The Dedicators había otorgado 300,000 dólares en becas de estudios a jóvenes brillantes, pero sumamente necesitados de recursos, que aspiraban a ingresar a centros de estudios superiores, y quienes fueron seleccionados esencialmente de la comunidad afropanameña de ascendencia Antillana en Estados Unidos.

Aunque ya se ha hecho costumbre señalar que detrás de cada buen hombre encontramos a una buena mujer, debo decir que Anesta Samuels nunca estuvo detrás, más, siempre se la encontró al lado de Sam. En el año 1997, durante una entrevista que conduje con estos dos extraordinarios afropanameños, ambos señalaron que habían nacido en la ciudad de Panamá, pero fueron criados y crecieron en la comunidad de Red Tank porque ...había una cierta preferencia por vivir en la Zona del Canal, si ello era posible. Y que mientras allí se estaba, me refirieron, como muchos otros niños negros, su educación finalizaba con el octavo grado, tal y cual lo dictaban las políticas segregacionistas de Estados Unidos. A pesar de esta limitación, Anesta y Sam subrayaron que: los maestros en la Zona del Canal se aseguraban de que uno aprendiera a leer y escribir. Por ejemplo, teacher Cragwell, padre de Alfredo Cragwell (el primer Afroantillano en ocupar una curul en la Asamblea Nacional en el año 1952) fue uno de esos maestros que,
pese a todo, garantizaron que los alumnos negros fuesen sobresalientes. Es más, casi todos los Cragwells fueron maestros. Estos hombres eran intelectuales; sabían al menos algo sobre todos los temas. Y porque la educación era una cuestión tan importante para la comunidad Antillana en Panamá, tal y cual me señalaron mis interlocutores: muchos asistieron a clases nocturnas para aprender cosas adicionales como mecanografía, taquigrafía o matemáticas avanzadas. También hubo cursos que tomamos por correspondencia. Por ejemplo, Clarence Layne salió del octavo grado y con algunos conocimientos por correspondencia se alistó en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos; tomó algunos exámenes y fue admitido en la escuela de medicina.

Anesta y Sam siguieron los pasos de Clarence, y como muchos otros Antillanos y panameños de ascendencia Antillana emigraron hacia Estados Unidos en búsqueda de educación superior y empleos mejor remunerados. Sam me recordó que... la guerra había finalizado y ellos [el gobierno de la Zona del Canal] se estaban deshaciendo de los empleados con más altos salarios, así que Anesta y yo nos sentamos, discutimos el tema y concluimos que los ingresos que yo obtenía de mi último empleo (Subgerente de la tienda de abastos del Fuerte Clayton) no iba a poder conseguirlos en adelante en Panamá.

Obviamente, con el fin de la guerra, el salón de belleza de Anesta en La Boca (la comunidad segregada más grande en la antigua Zona del Canal), situada en la margen del Pacífico de la vía de aguas, también sufriría los embates de esa nueva situación. Así que iniciamos los arreglos para emigrar hacia Estados Unidos, me indicó Sam, quien nunca ingresó a la escuela de odontología, tal como aspiraba. En su lugar, se graduó en Brooklyn College, obtuvo dos maestrías y fungió con Director del colegio P.S. 389, ubicado en la esquina de las avenidas Kingston y St. Marks, en Brooklyn.

Anesta obtuvo un empleo en una sala de belleza en Brooklyn, pero su pasión era, en sus propias palabras, ...ofrecerle a los jóvenes en nuestra comunidad la oportunidad de adquirir la mejor educación que pudiésemos brindarles... así que decidimos arrendar un local en donde hubiese espacio para acomodarlos. Vino mi hijo; asistieron mis sobrinas; Velma y Grace también arribaron en el entendido de que podía ser cualquier persona, fuesen estos parientes o amigos; bastaba que tuviesen el interés en estudiar: nosotras prestaríamos la colaboración. Ese fue uno de los motivos que me animaron a venir a Estados Unidos.

Tía Anesta, tal y cual la llaman cariñosamente aquellos que la han tratado de cerca, no se detuvo allí. Ella decidió institucionalizar sus esfuerzos a través de la creación de la Asociación The Dedicators Inc., una organización no gubernamental cuyo objetivo principal es ofrecer becas a estudiantes que planean ingresar a las universidades.

En respuesta a una pregunta acerca de los orígenes y las circunstancias en torno a las cuales se fundó The Dedicators, Tía Anesta me indicó que: todo comenzó en mi pequeña cocina. Un día sábado escuché a las niñas riendo y hablando acerca de que, cuando en Panamá tenían hambre, acostumbraban comprar maní salado porque las hacía consumir mucha agua. Mientras reían, pensé en tantos otros niños que tienen hambre. Fue eso lo que trajo a mi mente la idea de iniciar un club. Empezamos a tejer y coser para obtener fondos. También realizamos ventas de comida. Tía Anesta tenía la determinación de avanzar. Me explicó que: desde el salón de belleza despachábamos comida a domicilio. Tomábamos los pedidos allí, y luego desde nuestras casas, donde cocinábamos, Henry las distribuía en su carro. Así fue que The Dedicators recopiló sus fondos iniciales. Luego decidimos organizar un baile en el Salón Sonia, ubicado en la Avenida Bedford, en Brooklyn. Y los 500 dólares de ganancia que obtuvimos se los dimos a Bobby Reid, quien cursaba su último año en la carrera de medicina. Esto estaba al margen de nuestros estatutos, porque se supone que nuestro compromiso es con jóvenes de primer ingreso. Pero como Bobby vivía en el 3° piso del edificio, cuando él vino a casa y nos comunicó que su padre había fallecido y que no tenía más recursos para completar sus estudios decidimos allí, en el acto, que él sería el primer beneficiario de una beca de The Dedicators. Y como tú sabes, él culminó sus estudios de medicina y se tituló como médico, y uno muy bueno además.

Durante los años transcurridos entre 1958 y 1982, The Dedicators Inc. había entregado becas por la suma de 300,000 dólares. Tía Anesta cree que ...esa fue la razón que indujo al Presidente Arístides Royo a otorgar[me] la condecoración Vasco Núñez de Balboa. Para mi, quien con ustedes comparte esta nota, esa fue apenas una de ellas.

Anesta Samuels es, sin asomo de duda, una de las panameñas más distinguidas del siglo XX y una de las que nos ha dejado un gran legado: ama a tú prójimo, aspira a la excelencia, y sobre todo lidera con el ejemplo.

Tía Anesta aún se cuenta entre nosotros. ¡Que fortuna la nuestra!.


*Texto tomado del libro Piel Oscura Panamá: Ensayos y reflexiones al filo del Centenario, Alberto Barrow y George Priestley / Editorial Universitaria "Carlos Manuel Gasteazoro", Comisión del Centenario de la República de la Alcaldía de Panamá y el Instituto de Estudios Nacionales (IDEN), Panamá,
mayo 2003.

 

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